CC, 2020 Vol.1, Nº 1: 3749. https://doi.org/10.48168/cc012020-003  
Ciencia, política y problemas  
complejos  
Leonardo G. Rodríguez Zoya  
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)  
Instituto de Investigaciones Gino Germani  
Universidad de Buenos Aires  
Uriburu 950, 6º, Box 1  
C1114AAD, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.  
Te. (+54) 9 11 50 01 80 99  
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_________________________________________________________________________________________  
Recepción:26/10/2020  
Aceptación: 18/11/2020  
Resumen  
El objetivo de este trabajo es proponer y desarrollar el concepto de problemas com-  
plejos como herramienta epistemológica y política para repensar el vínculo entre la  
ciencia y la política, es decir, entre nuestras estrategias de construcción de conoci-  
miento en el mundo y nuestras estrategias de transformación y acción en el mundo.  
Un problema complejo es una experiencia problematizada que busca ser conocida y  
transformada porque es evaluada como indeseable. Por tanto, un problema complejo  
se expresa conjuntamente como problema de conocimiento (dimensión epistémica),  
como problema de acción y decisión (dimensión pragmática) y como problema ético  
(dimensión axiológica).  
Palabras clave  
problemas complejos, problematización, ciencia, política, futuro  
Abstract  
The goal of this paper is to propose and develop the concept of complex problems  
as an epistemological and political tool to rethink the link between the sciences and  
politics, that is, between our strategies for knowledge construction in the world and  
our strategies of transforming and acting in the world. A complex problem is a prob-  
lematized experience that seeks to be known and transformed because it is evaluat-  
ed as undesirable. Therefore, a complex problem is jointly expressed as a problem  
of knowledge (epistemic dimension), as a problem of action and decision (pragmatic  
dimension) and as an ethical problem (axiological dimension).  
Keywords  
complex problems, problematization, science, politics, future  
Biosketch  
Leonardo G. Rodriguez Zoya is a full-time researcher at the National Council of Sci-  
entific and Technological Research of Argentina. He holds a double PhD in Sociology  
Revista de la Unidad de Investigación de la Facultad de Economía de la UNSA  
37  
at University of Toulouse, France and in Social Sciences complejos (apartado 3). Para ello, abordamos dos pre-  
at University of Buenos Aires, Argentina. He leads the guntas: ¿Qué es un problema? (sección 3.1) y ¿Qué  
group of studies on interdisciplinarity and complexity in hace que un problema sea “complejo”? (sección 3.2).  
Social Sciences at the Gino Germani Research Institute En tercer lugar, analizamos los riesgos de una nueva  
of University of Buenos Aires. He is founder and direc- alianza entre ciencia y política (sección 4). En cuarto  
tor of the “Community of Complex Thought” (https:// lugar, se bosquejan algunos desafíos que los problemas  
pensamientocomplejo.org/) and of the “Latin Ameri- complejos plantean al diseño de políticas públicas y po-  
can Publishing Community” (http://comunidadeditora. líticas científicas (sección 5). Finalmente, concluimos  
org/) a non-commercial and open access publishing con algunas observaciones sobre los desafíos de los  
house.  
problemas complejos.  
1
.
Introducción  
2. Hipótesis de partida: la disyunción en-  
tre ciencia y política  
La teoría de la complejidad se ha desarrollado en cien-  
cias y humanidades. La primera se conoce como cien- Una gran desalianza recorre la historia del pensamiento  
cias de la complejidad, mientras que la segunda se Occidental: la desalianza entre las ciencias y la política,  
denomina generalmente pensamiento complejo. Estos entre nuestras estrategias de construcción de conoci-  
dos enfoques difieren tanto en sus supuestos episte- miento del mundo y nuestras estrategias de acción y  
mológicos y ontológicos, como en sus supuestos éticos transformación del mundo. Esta intuición puede expre-  
y políticos. También se diferencian por el lenguaje que sase en una hipótesis de base: la historia de Occidente  
utilizan. Las ciencias de la complejidad utilizan lengua- puede ser pensada como la historia de la controversia  
jes formales para modelar y simular sistemas comple- entre la ciencia y la política que ha conducido a la des-  
jos. Mientras que el pensamiento complejo construye vinculación de los problemas de conocimiento y los pro-  
sus teorizaciones en lenguaje natural.  
blemas de la acción.  
Adicionalmente, el concepto de complejidad se ha desa- Los antecedentes de esta controversia pueden encon-  
rrollado en una diversidad de ciencias, disciplinas y teo- trarse en la antigua Grecia. El filósofo-rey es conside-  
rías, tales como: ciencias de la complejidad (Maldonado rado por Platón el mejor gobernante de una comuni-  
&
Gómez Cruz, 2010), pensamiento complejo (Morin, dad política. La sabiduría filosófica y la virtud política  
1
990), sistemas complejos (García, 2006), sistemas coinciden en un hombre que expresaba la unidad del  
emergentes (Johnson, 2001), sistemas dinámicos (Wal- poder y del saber. Aristóteles invirtió el dictum platónico  
drop, 1992), sistemas no lineales (Briggs & Peat, 1989), y produjo la escisión entre la vida activa (la política) y  
sistemas autoorganizados (Foerster, 1962; Maturana & la vida contemplativa (la filosofía). El modelo de sabio  
Varela, 1972), redes complejas (Solé, 2009), estructu- propuesto por Aristóteles, su sophós, es un individuo  
ras complejas (Prigogine & Nicolis, 1997), entre otros. privado dedicado a la contemplación filosófica que no  
Sin embargo, pocos esfuerzos se han dirigido a pen- participa en la dimensión público-política de la vida co-  
sar y desarrollar el concepto de problemas complejos munitaria de la polis. El filósofo, máxima expresión del  
como puente articulador de la teoría de la complejidad conocimiento teorético, es un ser socialmente inactivo  
en ciencias y humanidades.  
que no sabe ni quiere gobernar (Heller, 1998, pp. 258-  
59). De este modo, el conocimiento teórico, propio de  
2
Además, la historia del pensamiento occidental puede la actividad filosófico-científica, y el conocimiento prác-  
concebirse como la historia de la disyunción entre la tico, específico de la praxis política en la esfera pública,  
ciencia y la política, es decir, la disociación sistemáti- se desarrollan por circuitos diferentes. De un lado la  
ca de los problemas de conocimiento de los problemas actividad político-social, del otro la actividad filosófica.  
de acción, de la razón teórica y la razón práctica. En Quedó establecida así la disyunción entre ciencia y po-  
este marco, el objetivo de este trabajo es proponer y lítica.  
desarrollar el concepto de problemas complejos como  
estrategia para estimular el surgimiento de una nueva Las concepciones epistemológicas dominantes en Oc-  
alianza entre las ciencias y la política, entre el conoci- cidente profundizaron la escisión entre conocimiento y  
miento y la acción.  
acción, entre el saber teórico y la praxis política. El ad-  
venimiento de la Modernidad y la invención de la ciencia  
El trabajo está organizado de la siguiente manera. Pri- moderna llevaron a un progresivo aislamiento del cono-  
mero, analizamos una hipótesis básica sobre la disyun- cimiento de su dimensión política. Esta aserción implica  
ción entre ciencia y política (sección 2). Segundo, hace- plantear una hipótesis de continuidad entre el sistema  
mos una propuesta teórica: el concepto de problemas de pensamiento antiguo desarrollado por Aristóteles y  
38  
CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD  
el sistema de pensamiento moderno que emerge con ciencia, como ámbito privilegiado del desarrollo de la  
la revolución científica que conecta a Galileo con New- razón teórica, se ocupa de construir conocimiento sobre  
ton. Tal hipótesis de continuidad es una idea contrain- el mundo y en modo alguno de diseñar acciones para  
tuitiva pues a menudo se argumenta que la revolución intervenir y cambiar el mundo. En la concepción epis-  
científica moderna signifi la crisis y derrumbe de la temológica dominante en Occidente la ciencia se ocupa  
concepción aristotélica de ciencia. En efecto, mientras del saber, no del poder; e inversamente la política se  
para Aristóteles el universo se dividía en el mundo lunar ocupa del hacer, no del conocer. El divorcio entre cono-  
(universal y necesario) y el mundo sublunar (singular y cimiento y acción, entre ciencia y política, conlleva no  
contingente); las leyes de la mecánica formuladas por sólo una razón escindida (razón teórica vs. razón prác-  
Newton permiten unificar la física terrestre y la física tica) sino también la desunión entre saber y poder. El  
celeste. El mismo conjunto de leyes permite explicar el mapa conceptual de la Figura 1 sintetiza gráficamente  
comportamiento de los cuerpos tanto en el cielo como el conjunto de argumentos precedentes.  
en la tierra. La concepción aristotélica de ciencia estaba  
en bancarrota.  
Esta innegable ruptura epistemológica entre la ciencia  
aristotélica y la ciencia newtoniana es concomitante con  
una marcada continuidad epistémica: la persistencia de  
la disyunción entre conocimiento y acción. Con todo,  
puede argumentarse que la controversia entre vita con-  
templativa y vita activa de los antiguos es reelaborada  
en el pensamiento moderno como la disyunción entre  
razón teórica y razón práctica. Mientras que la primera  
se ocupa del conocimiento verdadero del mundo obje-  
tivo, a la segunda le concierne decidir en situaciones  
inciertas.  
El primer filósofo que labra esta dicotomía en el corazón  
de la arquitectura del pensamiento moderno es Descar-  
tes quien en el Discurso del método propone la metá-  
fora de un caminante perdido en un bosque. Este cami-  
nante carece de un conocimiento certero para decidir  
la mejor estrategia para salir del bosque. Sin embargo,  
Descartes sugiere que el caminante puede guiarse por  
reglas de acción práctica, por ejemplo, caminar en línea  
recta en una dirección fija sin apartarse de ella es una  
mejor alternativa que caminar sin rumbo, pues al elegir  
la primera alternativa, aunque haya sido elegida sólo  
por azar, podría, eventualmente, salir del bosque. Para  
Figura 1. Mapa conceptual sobre la disyunción entre conocimiento y  
acción  
Descartes, “esta actitud pragmática es aceptable para  
3
. La propuesta: problemas complejos  
decidir sobre nuestras acciones en condiciones de in-  
certidumbre, pero ciertamente no sería aceptable en el  
pensamiento” (Martínez Muñoz, 1999, p. 505), es decir,  
en el ámbito, de la ciencia y del conocimiento.  
Con la finalidad de desarrollar el concepto de proble-  
mas complejos, se plantean dos preguntas. Por un lado,  
¿qué es un problema? y, por el otro ¿qué hace complejo  
a un problema?  
Por esta vía, Descartes reafirma el dualismo filosófico  
fundador del pensamiento occidental estableciendo una  
escisión en el seno del pensamiento racional: por un 3.1. ¿Qué es un problema?  
lado, hay un modo de pensar y razonar propio de las  
ciencias y, por el otro, un modo específico para actuar y  
decidir en el ámbito de la práctica. La implicancia epis-  
temológica de este dualismo filosófico conduce a forjar  
una concepción de ciencia y de conocimiento desvincu-  
lada de la acción y de la decisión. Dicho de otro modo,  
el fin de la ciencia es el conocimiento no la acción. La  
En El nuevo espíritu científico, publicado en 1934,  
Gastón Bachelard afirma que “lo simple es siem-  
pre lo simplificado; no podría ser pensado correc-  
tamente más que en tanto aparece como produc-  
to de un proceso de simplificación” (Bachelard,  
1985, p.124). Podemos reformular este enunciado  
Revista de la Unidad de Investigación de la Facultad de Economía de la UNSA  
39  
para explicitar nuestra tesis central: un problema  
no existe, sólo existe lo problematizado, lo que  
emerge de un proceso de problematización. Este  
enunciado permite pensar epistemológicamente la  
noción de problema como un concepto de doble  
entrada: el problema-producto y el problema-pro-  
ceso y, seguidamente, enlazar ambos en un bucle  
recursivo (Morin, 1986). Al afirmar que un proble-  
ma no existe se argumenta que un problema no es  
un dato de la realidad en el sentido en que ningún  
problema está dado en la experiencia inmediata  
de modo positivo e independiente de los sujetos  
que viven, piensan y hablan en el mundo. Por el  
contrario, un problema es siempre el resultado de  
un proceso de problematización a través del cual  
se elaboran experiencias y situaciones como pro-  
blemas (Foucault, 1999). Este desplazamiento del  
sustantivo problema al verbo problematizar supo-  
ne una perspectiva crítica respecto de nuestro len-  
guaje y estilo de pensamiento. En efecto, en lugar  
de considerar los problemas como cosas o estados  
del mundo, la noción de problematización condu-  
ce a pensar los problemas como construcciones  
emergentes que se elaboran a través del pensa-  
miento, el discurso y la acción de los actores so-  
ciales. En consecuencia, la problematización alude  
al proceso social, cultural, epistémico y político a  
través del cual una situación es constituida como  
problema.  
quecer nuestro concepto de problema pues, como  
se mostrará más adelante, un problema depende  
del punto de vista del actor, de sus valores, de  
sus intereses, de sus proyectos y de sus fines. Si  
por problema nos referimos a una cosa dada en  
el mundo empírico independientemente de los su-  
jetos que actúan, hablan, piensan y desean en el  
mundo, esa noción de problema está en bancarro-  
ta.  
La segunda observación plantea, en realidad, una  
conjetura respecto a que en la ciencia contempo-  
ránea hay un olvido de los problemas y un predo-  
minio de lo que puede llamarse el fetichismo del  
método (Marradi, 2002). Esto es, colocar el instru-  
mento de conocimiento por delante del problema  
de conocimiento. Para expresarlo en una fórmu-  
la sintética: los científicos construyen problemas  
en función de los métodos que conocen. De este  
modo, la tendencia en la ciencia actual es fabricar  
problemas investigables con los métodos y técni-  
cas disponibles. En definitiva, esto es lo que ase-  
gura resultados y publicaciones necesarias para  
sobrevivir en el mercado científico. La primacía del  
método sobre el problema conduce a la hegemo-  
nía de la técnica y del instrumento por sobre el  
pensamiento crítico y creativo. El correlato de esta  
tendencia es el desarrollo de investigaciones poco  
relevantes, la proliferación de discursos científicos  
autorreferenciales que sólo tienen sentido para la  
comunidad epistémica que habla el mismo lengua-  
je, la renuncia a la búsqueda de nuevas preguntas,  
la construcción de pseudoproblemas tratables por  
las técnicas conocidas.  
El razonamiento precedente permite realizar tres  
observaciones analíticas. La primera observación  
sugiere que pensar en problemas implica situarse  
en el mundo desde el punto de vista del actor que  
piensa, habla y actúa en el mundo. En efecto, los  
actores sociales no experimentan el mundo como  
objetos de conocimiento, variables, relaciones de  
causa-efecto, etc. Por el contrario, el mundo social  
es para los actores sociales “su mundo”, es decir, la  
realidad en la que viven, piensan, hablan, hacen,  
sufren y desean. Los problemas son, ante todo,  
situaciones que plantean obstáculos y desafíos al  
proyecto y los fines que persigue un actor cuando  
actúa. De hecho, esta es una de las acepciones  
del concepto problema: “conjunto de hechos o cir-  
cunstancias que dificultan la consecución de algún  
Cabe recordar, como señala Alexander Koryé  
(1999) que las grandes revoluciones científicas  
fueron siempre revoluciones de pensamiento que  
se produjeron no tanto por encontrar nuevas res-  
puestas a viejas preguntas, sino por formular pre-  
guntas completamente nuevas, como reflexiona  
Rolando García (2006). Pero cambiar de pregunta  
es lo más difícil pues implica cambiar el paradig-  
ma o punto de partida de un razonamiento (Morin,  
1998). El olvido del problema y el fetichismo del  
método son un síntoma de la crisis paradigmática  
del pensamiento científico contemporáneo.  
1
fin” . En consecuencia, puede argumentarse que  
actores con fines y proyectos diferentes pueden  
atribuir diverso grado de importancia a un pro-  
blema o, incluso, una situación que resulta pro-  
blemática para un actor A no lo es en absoluto  
para un actor B. Esta reflexión es crucial para enri-  
La tercera observación busca poner en cuestión  
una opinión habitual que plantea que los proble-  
mas principales de un país o una sociedad están  
suficientemente claros y que, en lugar de acumu-  
lar investigaciones, es el momento de la acción. Se  
argumenta que ya existen suficientes diagnósticos  
y que, más que continuar reflexionando sobre los  
1
Véase Diccionario de la Real Academia Española, https://dle.  
40  
CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD  
problemas, hay que actuar sobre ellos para solu-  
cionarlos. Es relevante detenernos a examinar con  
más cuidado esta postura. El supuesto en el que  
se sustenta esta afirmación es que un problema  
es una-cosa-en-el-mundo, es decir, que un proble-  
ma está-allí, en el mundo externo de la realidad  
objetiva de un modo positivo e independiente de  
los discursos y prácticas de los actores sociales.  
Es interesante notar que éste es el modo habitual  
a través del cual los discursos sociales hablan de  
los problemas relevantes de una sociedad: el pro-  
blema de la pobreza, el problema de la distribu-  
ción del ingreso, el problema del cambio climático,  
el problema de la delincuencia, el problema de la  
educación, el problema de la gentrificación, el pro-  
blema del deterioro de los ecosistemas, el proble-  
ma de la violencia de género.  
Como buenos cartesianos, nuestro pensamiento  
está separado de la realidad que intentamos ob-  
servar, conocer, describir, explicar y transformar.  
Así, los problemas forman parte del objeto de  
conocimiento pero se encuentran desunidos del  
sujeto-que-habla, del sujeto-que-siente, del suje-  
to-que-piensa, del sujeto-que-actúa.  
El fundador de la sociología científica, Émile Dur-  
kheim, decía que la ciencia es un distanciamiento  
del sentido común, mientras lo propio de éste es  
no dudar de la realidad social, lo específico de la  
ciencia social es poner en duda las certezas del  
sentido común. El concepto de problemas comple-  
jos busca provocar la duda y la interrogación so-  
bre nuestros modos de pensar, de decir y de hacer  
cuando lidiamos con aquellas situaciones o fenó-  
menos que denominamos ‘problemas’.  
¿
Qué dice nuestro lenguaje respecto a nuestro  
modo de pensamiento? Sin duda, existe una re- 3.2.Tres vectores para pensar la  
lación profunda entre nuestro modo de hablar y  
nuestro modo de pensar, pues, como decía Vy-  
gotsky (1995) el pensamiento es lenguaje interio-  
rizado. Nuestro modo de hablar sobre los proble-  
mas de una sociedad pone en evidencia una de las  
dicotomías fundantes del pensamiento moderno,  
a saber: la disyunción sujeto-objeto. Esta dicoto-  
mía, piedra fundacional de la filosofía cartesiana,  
plantea una dualidad entre la res cogitans y la res  
extensa. El término res en latín significa ‘cosa’, de  
modo que ambos términos pueden traducirse como  
cosa pensante y cosa extensa respectivamente. La  
primera designa la mente humana y su actividad  
principal es el pensamiento, mientras que la se-  
gunda refiere al mundo externo en tanto conjunto  
de objetos independientes del sujeto. ¿Qué signi-  
fica esta dualidad? Constituye la creación de un  
dualismo ontológico que separa dos dominios, el  
del sujeto y el del objeto. La escisión cartesiana  
abona, así, la disyunción entre el pensamiento y la  
realidad como entidades discretas y separadas.  
complejidad de un problema  
Habiéndonos ocupado con suficiente detalle del  
doble vínculo entre el problema y la problematiza-  
ción cabe tratar el segundo interrogante planteado  
¿qué es lo que hace ‘complejo’ a un problema? La  
pregunta acerca de por qué un problema es com-  
plejo resulta crucial desde el punto de vista epis-  
temológico pues concierne a la legitimidad teórica  
de emplear el adjetivo ‘complejo’ para calificar al  
sustantivo ‘problema’. Dicho de otro modo, ¿qué  
agrega el concepto de complejidad que no esté  
contenido ya en la noción de problema? La com-  
plejidad de un problema está ligada a tres vectores  
principales:  
a) El entrelazamiento de múltiples puntos de  
vista  
b) El entrelazamiento del conocimiento, la ética  
y la acción  
c) El entrelazamiento del pasado, el presente y  
el futuro  
Nuestros discursos, y también nuestro pensamien-  
to, sobre los problemas sociales (cambio climático, 3.2.1. El entrelazamiento de múltiples  
pobreza, inseguridad, sequía, urbanización, etc.)  
continúan siendo profundamente cartesianos. Al  
hablar de los problemas como cosas-en-el-mundo  
los ubicamos ontológicamente en la res extensa  
como entidades distintas y separadas de nosotros  
mismos, los sujetos que habitamos el mundo. Los  
puntos de vista  
El primer vector sugiere que un problema com-  
plejo es una experiencia en la cual se entrelazan  
múltiples puntos de vista de actores sociales he-  
terogéneos. Cada actor social explica la situación  
problemática desde su propio punto de vista, a  
través del cual pone en juego saberes, valores  
y relaciones de poder. Por lo tanto, un problema  
complejo tiene significados diversos para actores  
distintos. La complejidad de un problema (i.e. el  
‘problemasestán-allí, afuera, en el mundo, mien-  
tras que ‘nosotros’, los sujetos-observadores, los  
sujetos-de-conocimiento, estamos-aquí. Nuestro  
lenguaje evidencia que nos situamos por afuera de  
los problemas que queremos conocer e intervenir.  
Revista de la Unidad de Investigación de la Facultad de Economía de la UNSA  
41  
cambio climático, el ordenamiento territorial, la  
degradación de un ecosistema) está ligada a la  
existencia de múltiples puntos de vista de distintos  
sistemas observadores.  
un problema complejo con una actitud meramente  
contemplativa, sino también transformativa. Los  
problemas complejos nos interpelan en términos  
epistémicos (queremos conocer algo), en términos  
éticos (evaluamos que algo es inadecuado o insa-  
tisfactorio de acuerdo con cierto marco normativo)  
y en términos pragmáticos (queremos actuar para  
transformar esa situación).  
Un problema complejo en tanto objeto de cono-  
cimiento y de acción puede ser pensado como un  
sistema observado cuya inteligibilidad depende de  
nuestra capacidad como analistas para dar cuenta  
de los diversos sistemas observadores que proble-  
matizan dicha experiencia. Como puede apreciar-  
se, el concepto de problema complejo escapa al  
dualismo sujeto-objeto: no es posible reducir un  
problema complejo a la realidad empírica inmedia-  
ta ni al plano del discurso, del pensamiento y de la  
acción de tal o cual actor.  
En virtud de este razonamiento proponemos con-  
ceptualizar los problemas complejos como situa-  
ciones o experiencias problematizadas que buscan  
ser conocidas y transformadas porque son eva-  
luadas como no deseables. El conocer (saber), el  
transformar (hacer) y el evaluar (valorar) son tér-  
minos interdefinibles, en el cual el sentido de cada  
término se define por su relación con los restantes.  
En consecuencia, un problema complejo es un jue-  
go social interactivo de múltiples jugadores (Ma- 3.2.3. El entrelazamiento del pasado, el  
tus, 2007). La complejidad así entendida plantea  
consecuencias metodológicas específicas. Por un  
lado, no es posible explicar un problema comple-  
jo desde un único punto de vista objetivo, exter-  
no y neutral a la realidad considerada. Por otro  
lado, explicar un problema complejo se asemeja  
a lo que Carlos Matus conceptualizó como expli-  
cación situacional según la cual explicar significa  
presente y el futuro  
El tercer vector sostiene que un problema complejo  
supone el entrelazamiento de múltiples tiempos:  
el pasado, el presente y el futuro. La interrelación  
entre estas dimensiones temporales puede ser  
abordada mediante cinco preguntas metodológicas  
orientadoras: (i) ¿cuál es la situación problemática  
que se pretende abordar hoy? (ES) (ii) ¿cuáles son  
las consecuencias futuras si continúa la tendencia  
de la situación actual? (TIENDE A SER) (iii) ¿cómo  
y por qué se ha llegado a la situación actual? (FUE)  
(iv) ¿cuál es la situación alternativa que se desea  
construir en el futuro? (DEBER SER) (v) ¿es fac-  
tible la situación futura deseable? (PUEDE SER)?  
El punto crucial para destacar es que pensar en  
términos de problemas complejos implica no sólo  
la pretensión de explicar el presente sino también,  
y, sobre todo, de construir el futuro.  
diferenciar las explicaciones de los diversos ju-  
gadores y atribuir correctamente a cada jugador  
las explicaciones diferenciadas” (Huertas, 2016,  
p. 33). Dicho de otro modo, una explicación de  
un problema complejo constituye un meta-punto  
de vista o meta-sistema que articula diferencial-  
mente las distintas explicaciones y puntos de vista  
de los múltiples actores sociales involucrados en la  
situación analizada (Morin, 1986; Rodríguez Zoya,  
2017).  
3
.2.2. El entrelazamiento del  
conocimiento, la ética y la acción  
En síntesis, el concepto de problemas complejos  
plantea desafíos para las ciencias y para la política,  
es decir, para nuestras estrategias de construcción  
de conocimiento en el mundo y para nuestras es-  
trategias de acción y transformación del mundo.  
Lidiar con problemas complejos demanda un es-  
tilo de pensamiento que pueda: (i) tratar con la  
incertidumbre generada por juegos sociales crea-  
tivos de múltiples actores, (ii) pensar la relación  
interdefinible entre el conocimiento, la acción y la  
ética y (iii) incorporar el pasado y el futuro como  
elementos constitutivos del presente. Así, la idea  
de problemas complejos constituye una estrategia  
conceptual para pensar una nueva alianza entre  
las ciencias y la política, es decir, para diseñar un  
vínculo constructivo entre nuestras estrategias de  
El segundo vector plantea que un problema com-  
plejo se expresa simultáneamente como un pro-  
blema de conocimiento (dimensión epistémica),  
como un problema de acción y de decisión (di-  
mensión pragmática) y como un problema ético  
(dimensión axiológica) (Le Moigne, 2010; Rodrí-  
guez Zoya, 2017). Un simple ejemplo permite ilus-  
trar esta idea teórica. Cuando nos enfrentamos a  
un ecosistema degradado (i.e. contaminación por  
acción de residuos sólidos en un contexto turís-  
tico) se plantean conjuntamente dos interrogan-  
tes relacionados a, por un lado, ¿cuáles son las  
causas de la degradación? y, por el otro, ¿cómo  
podría revertirse la misma? Uno no se aproxima a  
42  
CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD  
conocimiento en el mundo y nuestras estrategias Puede decirse que el ethos cientificista produce una  
de acción y transformación del mundo. Pensar en ciencia políticamente inconsciente, pues no reflexiona  
términos de problemas complejos implica efectuar sobre las implicancias políticas del conocimiento que  
un desplazamiento epistemológico tendiente a re- produce, una ciencia éticamente irresponsable, pues no  
emplazar la disyunción entre conocimiento y ac- incorpora los juicios de valor en sus prácticas científi-  
ción por un bucle recursivo entre conocer y actuar. cas, una ciencia socialmente irrelevante, pues desvin-  
Sin embargo, esta nueva alianza no está exenta de cula sistemáticamente los problemas de conocimiento  
riesgos que es necesario pensar.  
de los problemas de la acción, una ciencia epistemológi-  
camente irreflexiva, pues excluye al sujeto que conoce  
del conocimiento producido.  
4
. Los riesgos de una nueva alianza entre  
ciencia y política  
El concepto de problemas complejos se distancia crí-  
Pensar en términos de problemas complejos implica di- ticamente del ethos cientificista y se afirma como una  
señar estrategias para ‘religar’ las ciencias y la política, herramienta teórica, metodológica y práctica para cons-  
el conocimiento y la acción, el saber y el poder. Así en- truir una ciencia políticamente consciente, éticamente  
tendido, el concepto de problemas complejos supone responsable, socialmente relevante y epistemológica-  
un posicionamiento político-epistémico específico que mente reflexiva. Ahora bien, hay que reconocer que  
se distancia críticamente de los tres grandes ideales esta apuesta implica riesgos epistemológicos y políticos.  
que han regido la concepción moderna de ciencia: la  
objetividad del conocimiento, la neutralidad valorativa 4.1. Los riesgos epistemológicos  
de la ciencia y la universalidad del conocimiento. Cada  
uno de estos ideales conducen a un reduccionismo epis-  
temológico: la objetividad conduce a la expulsión de la  
subjetividad, la neutralidad conduce a la expulsión de  
la ética y la universalidad conduce a la expulsión de los  
acontecimientos singulares.  
En el plano epistemológico, la crítica a la objetivi-  
dad, la neutralidad y la universalidad de la ciencia  
puede conducir a un reduccionismo epistémico in-  
vertido:  
1.  
La crítica a la objetividad puede conducir al  
relativismo subjetivista. Mientras que el po-  
sitivismo puede ser entendido como un re-  
duccionismo por el polo del objeto y una anu-  
lación de las contribuciones provenientes del  
sujeto de conocimiento; las derivas de las  
ciencias y epistemologías posmodernas sue-  
len abogar por un reduccionismo por el lado  
del sujeto que conducen a una primacía del  
lenguaje y el discurso con un desprecio con-  
comitante por los aspectos objetivos del co-  
nocimiento. En las posiciones más extremas,  
se niega la existencia objetiva de la realidad  
y del mundo externo.  
El punto crucial para destacar aquí es que estos ideales  
forman parte de una cultura científica, es decir, de un  
sistema de creencias y valores que guían un modo de  
concebir y hacer ciencia. Más específicamente, resulta  
pertinente emplear el concepto de ethos que etimológi-  
camente significa ‘modo de ser’ para caracterizar a esta  
cultura científica. La objetividad, la neutralidad valora-  
tiva y la universalidad delinean los valores de un ethos  
cientificista.  
El ethos cientificista consiste en una concepción de cien-  
cia y de conocimiento científico que concibe la práctica  
científica como una actividad “desinteresada y extra  
social, que sus enunciados de verdad se sostienen por  
sí mismos sin apoyarse en afirmaciones filosóficas más  
generales y que la ciencia representa la única forma  
legítima de saber” (Wallerstein, 2005, p. 19). El ethos  
cientificista delinea una actitud o un modo de ser que  
se encarna en prácticas, normas, valores y reglas que  
siguen cuidadosamente los científicos. La actitud cien-  
tificista define al “investigador que se ha adaptado [al]  
mercado científico, que renuncia a preocuparse por el  
significado social de su actividad, desvinculándola de  
los problemas políticos, y se entrega de lleno a su ‘ca-  
rrera’, aceptando para ella las normas y los valores de  
los grandes centros internacionales, concentrados en  
un escalafón” (Varsavsky, 1969, p. 39).  
2. La crítica a la neutralidad valorativa pue-  
de conducir al relativismo ético. Si la otrora  
epistemología ortodoxa negaba la pertinencia  
epistémica de los valores éticos, estéticos y  
políticos, las nuevas epistemologías posmo-  
dernas reivindican los intereses sociales y los  
valores en la construcción del conocimiento.  
Todo análisis del conocimiento en términos  
de aspectos lógicos, cognitivos y racionales  
‘huele a positivismo’ y es profundamente  
despreciado. A partir de ahora, la tarea de la  
epistemología es analizar los factores sociales  
que determinan el conocimiento. Si el positi-  
vismo planteaba un reduccionismo logicista,  
las nuevas epistemologías avanzan en un re-  
Revista de la Unidad de Investigación de la Facultad de Economía de la UNSA  
43  
duccionismo sociológico.  
ductos de un proceso influyen en la regeneración  
de dicho proceso. De este modo, pueden plantear-  
se las siguientes dialógicas y recursividades epis-  
temológicas (Figura 2):  
3.  
La crítica a la universalidad puede conducir  
al relativismo contextual. La tesis de la uni-  
versalidad de la ciencia implica en el plano  
sociológico el ocultamiento de la diversidad  
socio-cultural y en el plano epistemológico la  
expulsión del ‘evento’, es decir, los aconteci-  
mientos singulares (Morin, 1982). Las cien-  
cias posmodernas abonan un conocimiento  
fragmentario y un pensamiento disgregador  
que “yuxtapone lo diverso sin concebir su  
unidad” (Morin, 1990, p. 30). Así, la filoso-  
fía posestructuralista, por ejemplo, abraza  
teóricamente el acontecimiento -i.e. even-  
tos singulares irreductibles- y se opone a  
toda comprensión en términos de estructu-  
ras y procesos macrosociales. Si el estructu-  
ral-funcionalismo en ciencias sociales de los  
años 1940-1950 fue, al amparo del ideal de  
Objeto  
Sujeto  
Hecho  
Valores  
Universalidad  
Particularidad  
Bucles del  
ethos complejo  
la universalidad de la ciencia, un reduccio- Figura 2. Ethos científico complejo: dialógicas y recursividades epis-  
temológicas  
nismo holístico que impedía pensar la hete-  
rogeneidad y diversidad social; las filosofías  
posestructuralistas son un reduccionismo por 4.2. Los riesgos políticos  
la parte que impiden pensar sistémicamente  
la globalidad.  
El ethos cientificista conduce a la apoliticidad de la  
ciencia. La pretensión de una ciencia axiológicamente  
Es relevante observar que a cada ideal epistémi- neutral no puede, en ningún caso, fundamentar una  
co del ethos cientificista subyace una dicotomía: concepción política de la ciencia. Al eliminar los valores  
la disyunción objeto | sujeto, la disyunción he- (éticos, estéticos y políticos) de las prácticas científicas,  
chos | valores, la disyunción universal | singular. la tesis de la neutralidad valorativa de la ciencia bloquea  
Mientras el cientificismo opera un reduccionismo la pregunta por las finalidades de la racionalidad cien-  
epistemológico por el polo objeto-hechos-univer- tífica. Preguntarnos por las finalidades es preguntarnos  
salidad, las epistemologías posmodernas abonan por el futuro y, particularmente, por los futuros desea-  
un reduccionismo invertido por el polo sujeto-va- bles y posibles. En efecto, las ciencias de la naturaleza  
lores-particularidad. Ambos ethos, cientificismo y han progresado justamente gracias a la eliminación de  
posmodernismo, constituyen expresiones de un las explicaciones teleológicas y las causas finales de su  
pensamiento simplificador que moldea concepcio- modo de razonamiento, tan característico de la ciencia  
nes reduccionistas de ciencia y de conocimiento.  
aristotélica. Sin embargo, como observa críticamente  
Varsavsky (1982, p. 22) “eliminar el finalismo donde  
Una teoría, una metodología y una práctica de los lo esencial es la actividad humana es anticientífico”. La  
problemas complejos se distancian críticamente acción humana es intencional ya que tiene la estructu-  
tanto del ethos cientificista como del ethos pos- ra de un proyecto que se dirige hacia ciertos fines. Al  
moderno y plantea la necesidad de construir una eliminar las finalidades de la racionalidad científica, el  
alternativa epistemológica a los reduccionismos ethos cientificista reduce la racionalidad a un racionalis-  
epistemológicos. A partir de los desarrollos del mo instrumental: la elección de los medios más eficien-  
pensamiento complejo elaborado por Edgar Morin tes para alcanzar un fin. Pero los fines en sí mismos no  
(1990) es posible plantear una alternativa a los son objeto de deliberación racional. En un contrapunto  
reduccionismos disyuntivos del cientificismo y el crítico con esta posición, Varsavsky señala que “la ra-  
posmodernismo. La pista para pensar la posibili- cionalidad no se limita a la elección de medios -tecno-  
dad de un ethos científico complejo consiste en su- logías- sino ante todo de fines; qué viene antes que  
perar las dicotomías y disyunciones a través de las cómo (Varsavsky, 2013, p. 30).  
nociones de dialógica y recursividad. La dialógica  
nos permite pensar conjuntamente dos nociones El ethos posmoderno reintroduce de un modo reduccio-  
complementarias y antagonistas; mientras que la nista el subjetivismo, el relativismo y el particularismo,  
recursividad nos permite examinar cómo los pro- lo cual crea el terreno fértil para la introducción de la  
44  
CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD  
política en la ciencia. Si el cientificismo conduce a la el llamado a la construcción de una ciencia y una uni-  
apoliticidad de la ciencia, el posmodernismo habilita la versidad militante. La clave epistemológica está en los  
politización de la ciencia y del conocimiento. Para decir- versos del poeta: “tomar partido”. Una ciencia militante  
lo poéticamente parafraseamos a Gabriel Celaya en sus implica la partidización política de la ciencia y de la uni-  
versos “La poesía es un arma cargada de futuro”. Así versidad. ¿Cuál es el riesgo político y epistémico de la  
también, el científico posmoderno, autodefinido críti- partidización política de la ciencia y de la universidad?  
co, progresista y de izquierda, se emociona al anunciar  
que “la ciencia es un arma cargada de futuro”. El poeta Para problematizar este riesgo es necesario pensar  
Celaya canta maldigo la poesía de quien no toma par- una distinción que Varsavsky no realiza entre ciencia  
tido hasta mancharse. La actitud posmoderna produce politizada y ciencia partidizada. Estos términos no son  
investigadores con una profunda prédica emancipato- equivalentes. Quien sí realiza esta distinción es Rolan-  
2
ria, preocupados por el sufrimiento de las grandes ma- do García en una entrevista sobre la Universidad y los  
3
yorías. Junto al poeta, el científico posmoderno canta proyectos de país realizada en julio de 2003 . García  
con vehemencia: maldigo la ciencia de quien no toma argumenta que todo proyecto de ciencia y de Universi-  
partido hasta mancharse. La máxima del ethos posmo- dad debe tener en cuenta tres factores: el proyecto de  
derno consiste en que la ciencia, como actividad social, país, el contexto internacional y la ideología. Respecto  
y el investigador, como sujeto social, deben tomar una de este último término García puntualiza que no se tra-  
postura política e intervenir políticamente en el mundo. ta no de una ideología en términos político-partidarios  
sino de una concepción sociopolítica de la ciencia y de  
La idea de una ciencia politizada se encuentra tempra- la Universidad. La ideología conceptualizada en estos  
namente en la obra de Oscar Varsavsky quien, con más términos se asimila a la noción de concepción del mun-  
rigor que el pensamiento posmoderno y sin abjurar do y, en un sentido más específico, al término de marco  
nunca como hace éste de la racionalidad, conceptualiza epistémico desarrollado por la epistemología genética  
aquello que en el lenguaje de la época, llamaba ‘el cien- (Piaget & García, 2008).  
tífico rebelde o revolucionario’:  
La reflexión política sobre la ciencia que plantea Rolan-  
Hay científicos cuya sensibilidad política los lleva a do García nos permite volver a introducir el problema  
rechazar el sistema social reinante en nuestro país de las finalidades en el corazón de la racionalidad cien-  
y en toda Latinoamérica […] La misión del científi- tífica. El problema de las finalidades puede sintetizarse  
co rebelde es estudiar con toda seriedad y usando en la pregunta ¿por qué y para qué hacemos ciencia?  
todas las armas de la ciencia, los problemas del ¿Por qué y para qué construimos conocimiento? En re-  
cambio de sistema social, en todas las etapas y lación a su experiencia como Decano de la Facultad de  
en todos sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Bue-  
es hacer ‘ciencia politizada’ (Varsavsky, 1969, pp. nos Aires entre 1957 y 1966, García afirma “[Nosotros]  
9-11).  
teníamos una ideología, eso es hacer política, pero no  
política de partidos, es tener una concepción sociopo-  
El científico posmoderno de nuestros días estaría de lítica del mundo sino para qué la ciencia y para qué  
acuerdo con Varsavsky. Para que la ciencia sea un arma científicos. […] Para construir un mundo distinto. Hay  
cargada de futuro hay que politizar la ciencia. Cierta-  
mente, no se trata de la ciencia positivista la cual es  
simultáneamente occidental, noratlántica, capitalista,  
liberal, burguesa y androcéntrica. Por el contrario, la  
nueva ciencia posmoderna que está edificándose en  
Nuestra América es crítica, emancipatoria, indígena,  
campesina, decolonial y feminista y quiere, al igual que  
Varsavsky “usar la ciencia para ayudar al cambio del  
sistema” (1969, p. 9).  
2
Rolando García (1919-2012). Fue un científico argentino,  
formado en física y matemática y especializado en dinámica  
de la atmósfera. Luego de formarse en epistemología  
y
filosofía de la ciencia con Rudolf Carnap y Hans Reichenbach,  
conspicuos representantes del positivismo lógico, trabajó  
durante casi dos décadas junto a Jean Piaget y contribuyó  
a desarrollar la epistemología genética. En el plano de  
la política científica, Rolando García fue el decano de la  
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad  
de Buenos Aires entre 1957 y 1966 cuando fue encarcelado  
por la Dictadura del General Juan Carlos Onganía durante  
la Noche de los Bastones Largos. García lideró un proceso  
de transformación político-institucional sin precedentes  
que condujo a lo que se conoce como la ‘época de oro de  
la ciencia argentina’. Fue, además, vicepresidente fundador  
del CONICET bajo la presidencia del Premio Nobel Bernardo  
Houssay.  
Podría pensarse que esta politización es en sí misma  
una ganancia en términos epistemológicos y prácticos  
pues constituye una superación de la neutralidad y de  
la apoliticidad del cientificismo. Nuestra posición se dis-  
tancia críticamente respecto a esta opinión. Para expre-  
sarlo claramente y sin rodeos, la búsqueda de una nue-  
va alianza entre las ciencias y la política puede abonar  
3
El fragmento de la entrevista puede encontrarse aquí: https://  
Revista de la Unidad de Investigación de la Facultad de Economía de la UNSA  
45  
que hacer política. […] [Nosotros] hacíamos política, teóricos y prácticos para pensar el diseño de las polí-  
pero no política de partidos. Claro que la concepción ticas públicas en general y de las políticas científicas  
4
era política.”  
en particular. A continuación, se plantean algunos ejes  
problematizadores. Como el lector puede apreciar se  
Con todo, una concepción política de la ciencia y la uni- emplea un lenguaje normativo a través del término “de-  
versidad no es equivalente a la partiziación política de la ber ser” para señalar el contenido posible de estos ejes  
ciencia y de la universidad. Politización y partidización orientadores del diseño de una política pública. Este jui-  
son procesos diferentes que implican lógicas y raciona- cio axiológico no es una petición de principio sino una  
lidades distintas. Por un lado, una concepción política implicancia de los argumentos que hemos esgrimido en  
del conocimiento implica una racionalidad o estilo de este documento.  
pensamiento capaz de deliberar sobre los fines de la  
ciencia, del conocimiento, de la universidad y de la edu-  
cación. Por otro lado, una partidización política implica  
una racionalidad o estilo de pensamiento militante e  
instrumental que emplaza la ciencia, el conocimiento, la  
universidad y la educación al servicio de los fines parti-  
culares de un movimiento político-partidario específico.  
Dicho de otro modo, para la racionalidad militante-ins-  
trumental la ciencia, el conocimiento, la universidad y la  
educación son medios para alcanzar fines definidos por  
otros: el movimiento político para el cual se milita. Es-  
tos dos tipos de racionalidad tienen consecuencias po-  
lítico-epistémicas bien diferentes, cuyo análisis excede  
los límites de este trabajo.  
La tríada investigación  planificación  go-  
bierno. Una política científica de problemas comple-  
jos debe ser simultáneamente una política de cono-  
cimiento, una política de acción y una política ética,  
es decir, debe considerar, conjuntamente los pro-  
blemas de conocimiento, los problemas de gobierno  
y los problemas axiológicos. En virtud de ello, una  
política científica no puede restringirse a ser sólo  
una política de investigación para la construcción de  
conocimiento. Debe incorporar, necesariamente, la  
cuestión de la planificación y del gobierno. Mientras  
que la primera se orienta a la mediación entre el  
conocimiento y la acción, la segunda consiste en el  
diseño de estrategias para conducir procesos com-  
plejos hacia ciertos fines juzgados como deseables.  
En conclusión, el concepto de problemas complejos  
incita a pensar el diseño de una política científica  
atendiendo a la tríada entre investigación, planifi-  
cación y gobierno.  
En suma, que nos sea permitido concluir mediante la  
siguiente aserción. La nueva alianza entre ciencia y po-  
lítica que plantea el concepto de problemas complejos  
afirma la pertinencia y necesidad de una concepción po-  
lítica del conocimiento para el diseño de políticas cientí-  
ficas, tecnológicas y educativas. Pero en modo alguno la  
alianza entre ciencia y política debe interpretarse como  
un llamado a la partidización política de la ciencia y de  
la universidad. Este largo decurso argumental no ha te-  
nido otra pretensión más que mostrar que el concepto  
de problemas complejos propende a una religancia en-  
tre el conocimiento y la acción que busca escapar del  
riesgo de la Escila del ethos cientificista y del riesgo de  
la Caribdis de una ciencia partidizada. En ese espacio  
incierto de posibilidades que emerge entre la apolitici-  
dad neutralista del cientificismo y el dogmatismo irre-  
flexivo de la partidización de la ciencia, se yergue el  
desafío para desarrollar una teoría, un método y una  
práctica de los problemas complejos como estrategia  
que busca actuar para conocer y conocer para actuar,  
pues es en ese bucle donde podemos comenzar a ima-  
ginar y construir los futuros deseados.  
Atender a los procesos de problematización. El pun-  
to de partida de una política científica no puede ser  
el problema-producto, es decir, el problema cons-  
tituido. Una política tal debe poner el acento en el  
análisis de los procesos de problematización. De lo  
que se trata es de examinar los problemas que se  
consideran dados e inscribirlos en procesos de pro-  
blematización más amplios.  
El marco epistémico. El diseño de una política cien-  
tífica debe explicitar su marco epistémico, es decir,  
la concepción sociopolítica de la ciencia y del cono-  
cimiento en la que se sustenta. Por lo tanto, una  
política científica apta para tratar problemas com-  
plejos no puede ser diseñada desde el ethos cienti-  
ficista ni desde el ethos posmoderno.  
5. Desafíos para las políticas públicas y las  
La deliberación sobre los fines. Una política científica  
de problemas complejos debe considerar mecanis-  
mos y dispositivos para deliberar democráticamen-  
te sobre los fines, pero de ningún modo imponer  
dogmáticamente una finalidad político-partidaria.  
Puesto que un problema complejo implica el diseño  
de futuros deseables alternativos a la situación ac-  
políticas científicas  
El concepto de problemas complejos plantea desafíos  
4
Entrevista a Rolando García, minuto 2:02. Disponible en:  
46  
CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD  
tual, una política científica de este tipo debe conce-  
bir procedimientos participativos que faciliten pro-  
cesos emergentes bottom-up para la construcción  
de modelos de futuros deseables.  
res a quienes se dirige. Cuando se ignora el punto  
de vista del otro se tiende a menguar la factibilidad  
social de una política.  
Interdisciplinariedad. Una política científica orien-  
tada a investigar, planificar y gobernar problemas  
complejos requiere de una ciencia horizontal trans-  
departamental. Una política científica de este tipo  
no puede fundamentarse únicamente en el saber  
disciplinario y en los departamentos verticales del  
conocimiento. Se requiere, además, una práctica  
interdisciplinaria de la ciencia entendida ésta no  
como la suma o yuxtaposición de saberes especia-  
lizados sino como un proceso de diferenciación e  
integración de conocimientos.  
Los puntos de vista. Una política científica de pro-  
blemas complejos debe ser polifónica, es decir,  
multi-acentuada. Esto significa que no puede estar  
fundada en un único punto de vista: ni el punto de  
vista técnico ni el punto de vista político son su-  
ficientes para diseñar, planificar y desarrollar una  
política de este tipo. Por el contrario, los problemas  
complejos demandan un enfoque que articule los  
múltiples puntos de vista de los diferentes actores  
involucrados.  
La tríada deseable  posible  probable. Una  
política científica de problemas complejos debe tra-  
bajar conjuntamente sobre tres dimensiones. La di-  
mensión de lo deseable implica la construcción de  
un modelo de futuro sobre la situación alternativa  
que se busca construir. La noción de futuro desea-  
ble es un concepto ético y político. Definir cuál es  
el futuro que se desea como alternativa al estado  
actual de un problema complejo implica compro-  
meterse con ciertos fines que se desean alcanzar  
Democracia cognitiva. Una política científica dise-  
ñada exclusivamente desde arriba-hacia-abajo (top  
down) suscita un déficit democrático pues reduce la  
concepción de tal política al punto de vista del téc-  
nico y del político. La dimensión democrática de una  
política científica está ligada a la construcción de  
procesos de diálogo y argumentación pública entre  
actores sociales heterogéneos.  
No dogmatismo y racionalidad abierta. Una políti-  
ca científica de problemas complejos no puede ser  
dogmática. Esto se opone a cualquier forma de par-  
tidización de la ciencia y de la universidad. El carác-  
ter no dogmático de una política científica implica  
que todos sus aspectos deben poder ser sometidos  
a discusión y enjuiciados críticamente. En definitiva,  
se trata de regenerar la práctica del pensamiento  
racional en el proceso de la política científica. Racio-  
nalidad en este contexto no quiere decir otra cosa  
que diálogo y contraposición argumental, es decir,  
la posibilidad de someter a crítica una aserción y,  
la necesidad del interlocutor, de esgrimir razones  
y argumentos para sostener o defender la aserción  
enjuiciada.  
(dimensión política). Ahora bien, para poder ele-  
gir entre fines alternativos, es decir, entre futuros  
distintos, se requieren juicios de valor (dimensión  
ética). Dicho de otro modo, definir qué es un futu-  
ro deseable implica explicitar finalidades y valores.  
La dimensión de lo posible se orienta a analizar lo  
que puede y lo que no puede suceder en un siste-  
ma considerando su organización actual. El análisis  
posibilístico de un problema complejo se orienta,  
pues, a analizar la viabilidad de las estrategias dise-  
ñadas para transformarlo. Es por esta razón que los  
modelos posibilísticos constituyen una herramienta  
crucial para la planificación y gestión de problemas  
complejos, el diseño de escenarios prospectivos y el  
análisis de viabilidad. Finalmente, la dimensión de  
lo probable implica algún tipo de modelo estadístico Detrás del concepto de problemas complejos no se en-  
para calcular la probabilidad de ocurrencia de un cuentra una receta técnica que prescriba qué es lo que  
fenómeno y evento.  
se debe hacer y cómo hacerlo. Por el contrario, la no-  
ción de problemas complejos es una invitación a pensar  
La viabilidad de una política. El análisis de viabi- y a actuar para ser protagonistas del juego social del  
lidad de una política orientada a investigar, plani- que formamos parte. El juego social, en cuyo decurso  
ficar y gobernar problemas complejos debe tomar los actores desarrollan procesos de problematización  
en cuenta múltiples tipos de factibilidad: la factibili- del mundo, es un juego incierto, no determinístico y  
dad económica, la factibilidad técnica, la factibilidad de final abierto. El resultado depende de las jugadas  
ambiental y, muy especialmente, la factibilidad po- de los jugadores. En este punto, debemos recuperar el  
lítica y la factibilidad social. En general las políticas mayor legado kantiano cuando se pregunta ¿qué es la  
fracasan por la poca atención que se le presta a la Ilustración? La Ilustración, dice Kant, es tener el valor  
viabilidad social. Esto quiere decir que una política de pensar por nosotros mismos. Así, junto a Kant debe-  
debe tomar en cuenta el punto de vista de los acto- mos decir que debemos tener el valor de jugar el juego  
Revista de la Unidad de Investigación de la Facultad de Economía de la UNSA  
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social de nuestra época. Pensar en términos de proble- se expresa, ante todo, como un discurso sobre el futuro  
mas complejos es atrevernos a conocer y actuar para basado en la promesa que el mañana sea distinto a hoy.  
imaginar nuevos posibles y apropiarnos creativamente La viabilidad de esta promesa radica, justamente, en la  
del porvenir.  
posibilidad de transformar los problemas complejos del  
presente.  
6. Conclusiones  
Frente a la pregunta ¿qué tipo de ciencias y de política  
Enfrentar los problemas complejos de nuestro tiem- necesitamos para construir un futuro mejor? Podemos  
po requiere una nueva alianza entre las ciencias y la responder diciendo que el desafío es estimular el naci-  
política, entre nuestros modos de conocer el mundo y miento de una ciencia y una política capaz de lidiar con  
nuestras formas de actuar en el mundo. Sin embar- problemas complejos como estrategia de construcción  
go, la historia de Occidente puede ser pensada como la de futuro. Sin embargo, la Universidad, las ciencias y  
historia de la controversia entre la ciencia y la política. la política están de espaldas a los problemas comple-  
Esta controversia se ha saldado, en distintos momentos jos. La Universidad nos educa en disciplinas verticales  
históricos, bien a través de la disyunción entre la ciencia del conocimiento científico mientras que lo propio de  
y la política, bien a través de la reducción de una a la los problemas complejos es cruzar horizontalmente los  
otra, ya sea por medio de la subordinación de la política departamentos de las universidades. Los problemas  
a problemas tecno-científicos, ya sea por medio de la complejos no son tratables por los métodos científicos  
reducción de la ciencia a un instrumento de poder, do- tradicionales ni inteligibles en las fronteras del saber  
minación y control. Esta gran desalianza entre la ciencia disciplinario. Por otro lado, la práctica política se enfren-  
y la política ha conducido a la desvinculación de los pro- ta diariamente a problemas complejos pues éstos son  
blemas de conocimiento y los problemas de la acción, a los nudos de la vida social y comprometen nuestra vida  
la separación entre la razón teórica y la razón práctica, futura. Sin embargo, la política no dispone de ciencias,  
a la desunión entre ciencia y ética. Esta controversia de conocimientos ni de métodos para gobernar proble-  
forja la historia del sistema de pensamiento en el cual mas complejos. Cuando las políticas públicas tratan de  
estamos atrapados.  
apoyarse en los saberes científicos, a menudo recurren  
a los saberes especializados, pero éstos no pueden dar  
Los problemas complejos son difíciles de concebir en el respuesta a problemas complejos de naturaleza sisté-  
marco de un estilo de pensamiento moldeado al calor mica, interdisciplinaria e incierta. He aquí la triple tra-  
de la desalianza entre la ciencia y la política, pues lo gedia de la Universidad, la ciencia y la política en cuyo  
específico de aquéllos es expresarse simultáneamente desencuentro florecen los problemas complejos. Esta  
como problemas de conocimiento, como problemas éti- tragedia alumbra el desafío que nos interpela: contri-  
cos y cómo problemas de acción y decisión. Además, buir a repensar nuestro modo de educar en la Universi-  
los problemas complejos constituyen sistemas creativos dad, nuestro modo de hacer ciencia y nuestro modo de  
que emergen de un juego social de alta incertidumbre hacer política como estrategia para el desarrollo de una  
en el que participan una red de actores sociales hete- política de futuro.  
rogéneos. Por esta razón, los problemas complejos son  
sistemas indeterminados en los que no resulta posible Referencias  
predecir su futuro. Esta limitación contrasta con uno de  
los desafíos principales que nos plantean los problemas Bachelard, G. (1985). El nuevo espíritu científico. Editorial Nueva  
complejos: la necesidad de conocer para transformar  
Imagen.  
una situación problemática que es evaluada como no Briggs, J., & Peat, D. (1989). Espejo y reflejo: del caos al orden.  
deseable. De este modo, el reto de los problemas com-  
Gedisa.  
plejos es el de diseñar y construir un futuro deseable Foerster, H. V. (1962). Principles of self-organization. Pergamon  
alternativo.  
Press.  
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Mientras que la inquietud por la construcción del futuro  
es constitutiva de los problemas complejos, la raciona- García, R. (2006). Sistemas complejos. Conceptos, método y fun-  
lidad científica expulsa el problema del futuro, pues su  
arquitectura epistémica no está equipada con estrate-  
damentación epistemológica de la investigación interdisci-  
plinaria. Gedisa.  
gias para diseñar el porvenir. No hay ni puede haber Heller, Á. (1998). Aristóteles y el mundo antiguo (2º ed.). Edicio-  
una ciencia del futuro puesto que el futuro no se conoce  
nes Península.  
ni se descubre. El futuro se imagina y se construye. Huertas, B. F. (2016). Planificar para Gobernar: El Método PES:  
Esto marca una tensión constitutiva entre la racionali-  
dad científica y la racionalidad política pues, esta última  
entrevista a Carlos Matus. Fundación CIGOB. Ciencias para  
Gobernar.  
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